Cara y Sello. Tensiones del entorno en la formación de talento en TI

Escrito por  Domingo, 28 Diciembre 2014 16:10

El poco entusiasmo que despierta entre los estudiantes de colegio la ingeniería de sistemas y el déficit proyectado para el año 2020 en la oferta de profesionales graduados en tecnologías de información (TI), entre otros asuntos, motivó la convocatoria de distintas voces para analizar el entorno académico, laboral y empresarial del sector en el país.

 

No es la primera vez que se plantea la preocupación por el poco entusiasmo que despierta entre los estudiantes de colegio la carrera de ingeniería de sistemas, como una opción atractiva de formación profesional.

 

El desinterés ha venido en aumento a través del tiempo, ocasionado por distintos factores. Algunos apuntan a un mensaje equivocado y a una débil promoción de la carrera, por parte de los entes de educación superior en su oferta académica.

 

De ahí que, en la mayoría de los casos, un ingeniero de sistemas sea identificado como el técnico que arregla computadores o el profesional dedicado con exclusividad a “echar código” –en otras palabras encerrado entre  los bits y los bytes, sin posibilidad distinta de acceder al mundo de los negocios en unas condiciones de posición y salario, equiparables a otras profesiones.

 

Las cifras no mienten. Un estudio adelantado por la universidad Eafit de Medellín, en combinación con la empresa Infosys Limited para el Ministerio  de la Información y las Comunicaciones (TIC), sobre el estado del talento humano en la industria TI en Colombia, muestra una preocupante realidad.

Solamente el 6.7% del total de graduados en el país, entre los años 2001 y 2012, corresponde a ingeniería de sistemas y afines, mientras otras carreras superan con creces ese porcentaje. Y ni qué decir del déficit que proyecta la investigación en la oferta de ingenieros de TI para 2020,  representado en 103.250 personas.   

 

Para analizar todas las aristas de ese panorama fueron convocados distintos actores, cuyas voces vale la pena tener en cuenta para poner en marcha soluciones conjuntas, que favorezcan a la industria colombiana de TI.

 

Acudieron a la cita Hugo Ocampo Martínez, gerente de Gestión Humana en Open System; Alejandro Arango Nieto y Alejandro Manrique Fragoso, ingenieros de sistemas y  consultores gerenciales de Advantis; Ángela Patricia Nocua Cubides, subdirectora de Innovación TI del Ministerio TIC; Edgar José Ruíz Dorantes, director del Programa de Ingeniería de Sistemas de la universidad Jorge Tadeo Lozano; y, Juan Sebastián Vanegas Oliveros, tecnólogo y empresario, egresado del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).

El director de la revista, Jeimy J. Cano Martínez  saludó a los invitados e instaló la reunión. “La idea es tener una conversación abierta, en procura de que el debate esté contextualizado en la realidad del sector sobre las tensiones del entorno en la formación de talento en TI”, manifestó.

 

Por su parte, el presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Sistemas (Acis) y moderador del foro, Jaime García Cepeda, agradeció la presencia de los participantes y expresó:“como ustedes saben, Acis representa al gremio del talento humano del sector de las TIC, a los profesionales de ingenieria de sistemas y carreras afines, a los tecnólogos, técnicos y estudiantes. Por esa razón, es de nuestro interés apoyar todas las iniciativas  encaminadas al fortalecimiento del talento humano en este  sector económico del país”.

Y para contextualizar el tema central del debate indicó: “se gradúan cerca de 13 mil personas entre posgrado, técnicos, tecnólogos e ingenieros de sistemas y los denominados afines. El reto está en qué hacer y cómo aumentar el grupo interesado en estudiar tecnologías de información”, enfatizó el presidente de Acis y formuló la primera pregunta.

  

¿Cuál es el diagnóstico actual de los profesionales de TI en el país,  con respecto a la demanda del mercado? ¿En cuáles áreas (ingeniería de software, seguridad, uso apropiado de TI en las empresas, entre otras) hay un déficit de profesionales?

 

Juan Sebastián Vanegas O.

Tecnólogo empresario

En mi opinión, sí hay un déficit. Hacen falta unos profesionales mejor capacitados que puedan responder a las necesidades de las empresas. Evidentemente, la universidad realiza una muy buena labor en cuanto a lo  técnico y teórico y el manejo del conocimiento. Sin embargo, tales temas llevados a la práctica presentan muchas deficiencias en el profesional de TI, recién egresado. Una constante en ese profesional es que, una vez termina su carrera, no cuenta con los conocimientos necesarios para satisfacer las necesidades del sector productivo, entonces debe estudiar por su cuenta o inscribirse en diplomados, carreras técnicas o tecnológicas o en los casos de personas que cuentan con las oportunidades, estudiar una especialización o una maestría. Todo esto, para conseguir los conocimientos técnicos y prácticos que le permitan conseguir un trabajo y satisfacer esa necesidad cuando sale de la universidad.

 

Hugo Ocampo M.

Gerente de Gestión Humana

Open System

Antes de formular mi respuesta, recuerdo el conversatorio de hace un año con los decanos de las facultades de sistemas afiliados a Redis, en la que insistía  en que no se explicaba cómo no se había logrado homologar un currículo, un alcance en la carrera, tal vez una de las más transversales a la sociedad y a la industria en general.

 

Las universidades haciendo uso de su autonomía académica, le han puesto muy poca inteligencia al tema, sin optar por una mirada más objetiva a las posibilidades de una de las carreras más centradas en el desarrollo. Es parte de lo que sucede con muchas políticas gubernamentales distorsionadas para abordar esta problemática, en la medida en que no se maneja una transición adecuada entre la vida profesional y académica.

 

En nuestra organización decidimos involucrarnos en el problema y creamos un plan de jóvenes profesionales denominado Semilleros Profesionales; desde hace 12 años, cerca de 800 muchachos han pasado por el proceso en ese sistema. El balance hoy, nos permite registrar seis mil jóvenes de 32 universidades de Colombia que han participado en las convocatorias, en su mayoría fuera de la capital, quienes cuentan con herramientas técnicas más favorables para desarrollar sus habilidades y adaptarse en forma creciente al trabajo. En la compañía, un muchacho antes de “echar su primera línea de código”, se educa durante seis meses en elementos técnicos, actitudinales y funcionales dentro de la industria que atendemos. Problemática que en buena parte debería empezar en la academia.

 

En este orden de ideas, iniciativas como la del Gobierno de ofrecer becas como solución, dirigidas a carreras asociadas a las TIC o afines que, son por cierto las más desertadas del portafolio académico, son equivocadas si no se cambian las estructuras de las universidades, sin articular los pensum, sin apoyar a los docentes para que tengan la calidad y el nivel de actualización requeridos para atender la demanda.

 

El déficit es enorme, cada vez son menos y la competencia por los recursos es notoria, así como la de recursos muy especializados con características de competitividad diferenciales. El problema es complejo, los jóvenes no están mirando en esta dirección, porque además están muy mal informados sobre el  para qué de la carrera. Es necesario hacer modificaciones sustanciales, para generar un cambio efectivo. En mi opinión, el Gobierno no está preparado para montar una infraestructura basada en TI, si no  adelanta acciones contundentes en este sentido.

 

Jaime García C.

Moderador

Para Hugo Ocampo. ¿Con base en su experiencia en el sector empresarial, percibe un déficit en la oferta de profesionales de TI?

 

Hugo Ocampo M.

Sí, aunque en la práctica tampoco hay un empleo de calidad para ofrecer a los jóvenes. Debemos estar construyendo semilleros profesionales en todas las organizaciones, con un nivel de competitividad muy diferencial. Aunque podría pensarse que decirlo es muy fácil, la práctica de este ejercicio es igualmente compleja, pero necesaria. No basta con conseguir personas para que realicen diferentes funciones, es necesario contar con gente capaz de conducir a las empresas a otro nivel, en la industria dependemos mucho de las capacidades de la gente.

 

Alejandro Arango N.

Consultor Gerencial

Advantis

Desde la experiencia personal como consultor gerencial en temas relacionados con la elaboración de estrategias de tecnología para las organizaciones, es recurrente el déficit de profesionales de sistemas. Encontrar especialistas es un trabajo exigente y las empresas terminan asumiendo su entrenamiento en forma ad hoc. Además, los profesionales son tímidos, con poca locuacidad, y dificultad para comunicar los mensajes, carencias que crean conflicto tanto en la demanda como en la oferta de la TI de las organizaciones. Un aspecto importante para tener en cuenta es el ingreso económico. Por lo general, las empresas quieren expertos con niveles salariales no acordes al grado profesional. Esta situación sucede en todas las áreas como seguridad, desarrollo de software, para citar algunas. Antes el core de las compañías lo conformaban contabilidad, ventas, entre otros y esto ha cambiado, desplazando todas las áreas anteriores a que sean soportadas por el área de tecnología. Una  organización hoy debe contar con buen soporte tecnológico para sus procesos y lograrlo es cada vez más crítico. Si las empresas no estructuran sus áreas de sistemas dentro del core es muy difícil romper los ciclos entre academia e industria. No es fácil encontrar la solución. Considero que el tema se debe abordar en una forma más holística. La deficiencia de profesionales es un asunto compartido entre la academia y la industria. Es clave entrelazar las necesidades y determinar el grado de profesional que requiere la industria para sus áreas de sistemas, entre técnicos, tecnólogos o profesionales de alto rango y con eso el nivel salarial adecuado.

 

Hugo Ocampo M.

Un problema es cuando los jóvenes egresan de la universidad y otro cuando están trabajando. Si se leen las convocatorias 684 y 685 del Mintic y Colciencias, por ejemplo, es posible detectar muy rápido lo que sucede, están muy mal enfocados, sobre todo cuando tratan el tema del talento. En ese tipo de esfuerzos está contemplada la especialidad frente a las necesidades, pero se olvidan de la transición, para que la gente active su capacidad generadora de trabajo en la productividad, y eso no se está abordando ni en las empresas ni en la academia.

 

Edgar Ruíz D.

Director Programa Ingeniería de Sistemas

Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

 

Hugo Ocampo M.

No queremos que las universidades enfaticen en herramientas -ni Sisco ni SAP ni soluciones aplicativas puestas en los campos docentes-, debemos trabajar mucho en el modelo lógico matemático, en la capacidad de construir modelamiento, antes que soluciones aplicativas y lenguajes.

 

Edgar Ruíz D.

No lo quieren así, pero los avisos de prensa muestran que requieren especialistas recién egresados certificados en Cisco u otros temas de tecnología. Y ¿cuánto les pagan?, ¿un millón, 800 mil pesos? En el perfil ni siquiera especifican recién egresado. Pues ante tales circunstancias, un joven de estrato cinco no va a estudiar ingeniería de sistemas y tampoco se prestará a trabajar bajo tales condiciones. Y en ese panorama la tendencia en el país es que sean los jóvenes de estratos uno y dos, quienes estudian esa carrera y a quienes también les cuesta más trabajo desarrollar habilidades de interacción y necesitan mayor preparación, aspectos en los que enfatiza la universidad. No es posible en cinco años alcanzar a desarrollar todas las habilidades; los formamos en habilidades básicas de tecnología, pero no podemos convertirlos en especialistas en las herramientas. Lo que sí estamos haciendo es trabajar en convenio con diferentes compañías como Cisco, IBM, PSL de Medellín, entre otras, en torno a los semilleros. Las mismas universidades hoy en día buscan contratar profesores con doctorado, pero los salarios no son equivalentes a su nivel de formación y existe un desfase muy grande que debe corregirse, mediante un trabajo conjunto para que los profesionales puedan graduarse y vincularse a un trabajo de calidad. En este momento estamos insistiendo en el desarrollo de habilidades propuestas por las grandes empresas nacionales y multinacionales. En un reciente encuentro con universidades de la Unión Europea nos proponían trabajar de manera conjunta universidades y empresas en esa dirección. De ahí que los programas se estén volviendo flexibles; ya tenemos casi el 30% de electivas, con el propósito de que podamos establecer acuerdos con la industria, para ofrecer temas especializados con certificaciones, porque la universidad no las ofrece y es el estudiante quien debe obtenerlas tiempo después. Hay unas responsabilidades que no le corresponden a la universidad, cuya obligación prioritaria es formar ciudadanos. No podemos homologar todo el currículo, en razón al requisito que nos exige el Ministerio de Educación sobre el factor diferenciador, pues la diferenciación la desarrollamos en la formación específica. En algunos casos sacamos especialistas en bases de datos, en seguridad informática y desarrollo de software, entre otros temas. Pero, las demandas son muy variadas y tendríamos que saber cuál universidad ofrece las especialidades. Otro aspecto en el que he insistido mucho es en que la demanda de personal de TI por el sector productivo tenga clara la diferencia cuando dice requerir ingenieros de sistemas, técnicos o tecnólogos. En la divulgación de los requerimientos de personal no sabemos qué es lo que quiere la industria. Cuando trabajé en una multinacional viví esa experiencia, se publicó un aviso y llegó un doctor recién egresado y lo pusieron a levantar información por dos millones de pesos, después de haber realizado sus estudios hasta ese nivel. Y lo aceptó porque no tenía empleo. De tal manera, que si no se equiparan los perfiles con la realidad del trabajo, la carrera va a seguir deteriorándose, porque los profesionales con altos grados saldrán del país, en la medida en que los contratan como técnicos y esa es la imagen que se está vendiendo. De ahí que los estudiantes no escojan la carrera, porque no aspiran a estudiar cinco años y más, para ganar un salario bajo.

 

Hugo Ocampo M.

Llegamos al punto interesante del debate. Estamos de acuerdo en los escenarios por los que hemos pasado, creo que muchas de las empresas también se han quedado esperando que las universidades solucionen sus expectativas, en lugar de compartir camino con ellas. No es una opción criticarlas. Conscientes de la responsabilidad que tenemos de recibir el testigo en esta carrera de relevos, para que todos desde los colegios, pasando por la academia y después en el trabajo, somos parte del problema. No pretendemos que sea la universidad la que asuma tales responsabilidades que, con claridad  nos pertenecen a todos. Lo que sí me parece es que se debe homologar la carrera, hacerla conocer y venderla con unos contenidos atractivos para los jóvenes. Con todo respeto, creo que las universidades están trabajando en un ciudadano de muy bajo perfil y nos permite afirmarlo la experiencia de contar con jóvenes que hemos reclutado en numerosas universidades, necesitamos enfatizar en una cultura infomática en todas las carreras, con un alto nivel de interlocución adecuado al tiempo de hoy. Luego sí se puede –y no es responsabilidad exclusiva de la universidad-, brindar su apoyo en todo lo que se refiere a las tecnologías blandas para elevar el nivel de los estudiantes y esto no está sucediendo. Se trata de caracterizaciones de muy bajo perfil, a pesar de los esfuerzos adelantados en dirección al cambio.

 

Alejandro Manrique F.

Consultor Gerencial

Advantis

Mi opinión se basa en mi experiencia como ingeniero industrial con una especialización en construcción de software. Cuando salí de la universidad fui desarrollador de software durante mucho tiempo, líder de desarrollo, de ahí pasé a “medio” gerenciar proyectos de software y luego a la consultoría. Así que tengo la visión, desde los dos puntos de vista. Lo que veo es que en ingeniería de sistemas estudian mucho, pero desde el punto de vista técnico sobre bases de datos, construcción de software; pretenden ser las mejores en algoritmos y los problemas que les ponen los solucionan con software. Pero, cuando los egresados llegan al proceso de contratación en una empresa y tienen que hacer análisis de sistemas para ver el comportamiento de cara a la industria, no cuentan con las habilidades de comunicación. No pueden interactuar con el director ejecutivo para determinar las necesidades desde el punto de vista de sistemas y recurren a un profesional intermedio que pueda cumplir con esa labor de articular los conceptos. La solución no está en que para graduarse sea necesario convertirse en especialista, certificado triple A en Java o bases de datos, porque la tecnología pasa. Una persona con 30 certificaciones diferentes, no garantiza su buen ejercicio profesional, toda vez que las diferentes alternativas tecnológicas pasan, para dar paso a las nuevas. Desde el punto de vista de la universidad, sí debe existir una infraestructura que les proporcione las herramientas suficientes para que puedan ser interlocutores de las necesidades, no sólo de la industria, sino de las empresas, desde el emprendimiento. De ahí los ejemplos que vemos con frecuencia, de compañías creadas por esos profesionales que quiebran porque tienen tales carencias.

 

Jaime García C.

 Edgar Ruíz D.

Entre cinco y 15 años atrás lo que se puso de moda fue ser experto en tecnología y surgió la competencia para ser el mejor programador en las distintas tecnologías. Ese testimonio lo he recibido, por ejemplo, de un profesor que hoy en día trabaja en la alianza con el Ministerio de TIC, en la promoción de la certificación en PSP (Personal Software Process) y TSP (Team Software Process), para divulgar el hecho de dejar el entusiasmo basado solo en el uso de la tecnología y orientarnos más bien en hacer desarrollos útiles, dejando de lado el número de certificados solamente en herramientas y, en el caso de los docentes, no olvidarse de la pedagogía. ¿Cómo pretendemos que un estudiante salga con buenas habilidades de interlocución, si su profesor jamás la tuvo? Esa es una de las dificultades para tener buenos estudiantes, con desarrollo de habilidades técnicas y humanas. De ahí la necesidad de una inversión para capacitar en forma integral a los profesores. Esa formación se promovía antes, hasta cuando se pusieron de moda las certificaciones en aspectos específicos. Y, hoy en día, se pide nuevamente ingenieros integrales. A mis estudiantes les insisto en traspasar la tecnología y hacer énfasis en los sistemas. Debemos involucrarnos en la formación de valores y competencias blandas para que puedan satisfacer con la combinación de habilidades duras las necesidades del mercado, sin la base inicial estamos perdidos.

 

Alejandro Arango N.

Desde el escenario pedagógico una de las dificultades que tuve en la universidad fue conocer el horizonte completo de la ingeniería de sistemas. Básicamente, nos hacían énfasis en materias con una alta exigencia académica y poca aplicabilidad en la industria. El choque de conocer la industria lo enfrenté cuando ingresé en una organización de seguros. En poco tiempo tuve que aprender sobre sistemas de nómina, contabilidad, y del sistema core del negocio. Tuve que pasar por un proceso de adaptación muy ad hoc, y además se exigía que fuera un buen interlocutor entre el negocio y la TI. Tal formación no la recibí en la universidad. Haciendo un balance entre la industria y la academia, la visión holística del ingeniero de sistemas se tiene que dar al principio, de tal forma que como sucede en la medicina, en donde hacen un barrido por todas las especialidades y el estudiante en un paso posterior decide si quiere convertirse en especialista o ser un generalista. Existe una deficiencia en el profesional interlocutor entre el negocio y los sistemas. Son pocos los que son capaces de traducir las ideas de negocio y llevarlas a la industria.

 

Lo que propongo es que nuestra profesión no se quede exclusivamente en los aspectos tecnológicos, sino que trascienda al nivel de la industria. En la consultoría gerencial he encontrado que las personas más efectivas, son aquellas que han podido entender la tecnología. Por ejemplo, un economista que conozco que debe identificar casos de fraude, para citar un ejemplo concreto, lo logra en forma impresionante gracias a su conocimiento sobre programación, soportándose sobre herramientas tecnológicas que él mismo ha construido.

 

Existe un distanciamiento entre lo que la industria quiere y la academia proporciona. Sólo cuando el profesional adquiere experiencia en la industria es buscado en el mercado. Adicionalmente, muchos de nuestros profesionales están saliendo del país a empresas como SAP o Microsoft, empresas que los contratan debido al déficit de profesionales. Una empresa destina un 5% de su presupuesto para temas de tecnología y con ciertas excepciones llegan hasta el 10 o el 15%. No obstante, el porcentaje de profesionales que se gradúan es  mucho menor. Esto quiere decir, que una persona podría estar ganando mucho más, porque estamos formando mucho menos, poca oferta, pero existe una demanda muy alta. Pero, en la industria no sucede porque los salarios asignados son bajos.

 

Una de mis experiencias fue en la India, trabajando para una empresa de desarrollo de software para empresas de negocios en New York. Lo que pude observar es que las personas que se superan pertenecen a los estratos menos favorecidos. En tal sentido, esto es una oportunidad para la industria y la academia en donde podrían fijar su interés. Existe un grupo amplio de personas que sin tantas oportunidades pueden superarse, logrando un salto social y profesional y aumentando la oferta que requiere la industria.

 

Jeimy J. Cano M.

Director Revista Sistemas

En la actualidad, la ingeniería de sistemas es una carrera disciplinar como quiera que orbita alrededor de los fundamentos de las ciencias de la computación. Sin embargo, lo que exige el contexto nacional e internacional es que se convierta en transdisciplinar. Lo que quiere decir que los ingenieros de sistemas deben cruzar desde su disciplina hacia otras áreas. Así que la conversación dejó de ser “tú en tu mundo y yo en el mío, para que conversemos”, y se transformó en “nosotros conversamos entre mundos”. Este es uno de los elementos clave, descrito en el documento “Acuerdo por lo Superior 2034: propuesta de política pública para la excelencia de la educación superior en Colombia, en el escenario de la Paz” del Ministerio de Educación Nacional, basados en el pensamiento de Edgar Morin.

 

El segundo aspecto es el título que aparece en los diplomas de los ingenieros de sistemas. Y en tal sentido, la pregunta es: ¿ingeniero de sistemas o de computación? Porque si se trata de dos distinciones, deben estar contempladas en el currículo las dos disciplinas. En la actualidad, si hacemos un inventario de asignaturas en ciencias de la computación, encontramos un gran número de ellas a lo largo de todo el programa, mientras que las referentes a ciencias sistémicas (o de sistemas) son pocas o minoritarias en todo el pensum académico de la carrera. Así las cosas y considerando que en algunos países hoy se hace la diferenciación entre los ingenieros de computación y los ingenieros de sistemas, la pregunta queda abierta.

Un tercer elemento son las prácticas pedagógicas. Infortunadamente, aquí, no tenemos en el foro una persona formada en una facultad de educación. El tema pedagógico y el de competencias son dos cosas bien distintas. El primero lleva a que un docente acompañe a un estudiante en su proceso de formación y el otro asunto es que tenga un cuerpo de conocimiento y prácticas que lo formen en un saber hacer, saber ser, saber estar y saber convivir.

 

Estos tres aspectos están gravitando en la conversación y de alguna manera nos permiten seguir mirando las tensiones que se presentan entre la academia, la industria, la sociedad y el Estado.

 

Hugo Ocampo M.

Debemos empezar por la raíz. Se requiere incorporar nuevos elementos que no vienen necesariamente con la discusión de la tecnología. De ahí que aborde la respuesta a esta pregunta refiriéndome al modelo de esta profesión. En España teníamos la discusión de si se trataba de ingeniería de sistemas o de software, era una discusión muy grande. Cuando empezamos a hacer los semilleros profesionales nos preguntábamos para que nos podría servir un muchacho egresado de universidades no especializadas en desarrollo, porque quienes están estudiando hoy en día ingeniería de sistemas tienen  estratificaciones y orientaciones bien diferentes.

 

He recorrido por lo menos 32 universidades de Colombia manejando estadísticas para determinar lo que se necesita y es posible ver las diferencias. Hemos logrado aplicar varios tipos de pruebas de algoritmia, modelamiento, lógica matemática, entre otras. Y en cuanto a lógica matemática el panorama es lamentable. Encontramos universidades en las que la matemática básica es diferente entre las distintas ingenierías, en las mismas universidades. Y ni qué decir del concepto sobre el pensamiento sistémico dentro de la lógica matemática. Hablar de globalidad hoy es casi un pecado, basta voltear un televisor para entender la dimensión. El asunto es que necesitamos gente que no tenga miedos reverenciales, que vea el mundo no plano, sino redondo. Cuando eso suceda entenderemos qué estamos hablando y cómo los vamos a integrar a una comunidad de una manera diferente. Y hablo en plural, para no desligar la empresa de esa responsabilidad compartida. Hay diferencias muy claras sobre cuál es el propósito. Yo no tengo ninguna preocupación por los asuntos de la especialización, porque hay que trabajar en ampliar el “ancho de banda” de los muchachos, para poner ese concepto en términos técnicos. ¿Cómo hacemos para que los estudiantes tengan un pensamiento relacional? ¿Cómo construimos industria a partir de ese concepto? ¿Cómo crear profundidad en los temas que nos interesan y al mismo tiempo construir comunicación entre las diferentes áreas? ¿Cómo hacemos para tender puentes de manera correcta, sin generar confusión? Es necesario pensar en los nuevos profesionales, en el sentido de que no basta tener TI en su cabeza. Y la industria tiene la responsabilidad de asumirlo. No es un problema de herramientas, si la gente no pasa por la tecnología no pasa nada. Es necesario profundizar en las carencias, de ahí que invite a unas acciones conjuntas en la formación de los jóvenes, porque nosotros no somos los protagonistas, sino ellos.

 

Edgar Ruíz D.

Si en la organización que representa Hugo Ocampo,  no lograron satisfacer esas vacantes con tecnólogos, ¿qué hicieron? ¿Contrataron ingenieros de sistemas para realizar esos trabajos?

 

Hugo Ocampo M.

Tomamos la decisión de hacerlo a través de los semilleros profesionales, por donde han pasado seis mil muchachos de diferentes universidades, quienes han tratado de entrar a la compañía, a través de ese sistema. El filtro es doloroso; de 500 solamente pasan 40, sin que “echen una línea de código”. El énfasis lo hemos hecho en el Valle y otros lugares del país; no vamos a las ciudades capitales. Es así como el 75% del head count de la organización, proviene del semillero profesional y arrancó desde la transición entre la vida académica y profesional. El resto existente en la estadística está ubicado en empresas aliadas de negocio o trabajando en compañías de América Latina. Luego hemos demostrado que sí es posible intervenir y obtener resultados de impacto.

Alejandro Manrique F.

No entiendo muy bien la propuesta de Hugo Ocampo. ¿Busca que el Gobierno lo apoye o que se replique y mejore lo adelantado? Las becas no son malas, pero sí deben ser enfocadas en lo que realmente se requiere. Porque un docente con tres certificaciones no está capacitado para ser un buen profesor. Pero si se le da una beca de formación en el exterior, ya no ve el mundo plano, sino redondo y volverá para apoyar ese proceso de enseñanza.

 

Hugo Ocampo M.

Son dos asuntos. Que se mejore el ecosistema, haciendo claridad sobre qué es lo que verdaderamente se necesita y contemplando la autonomía académica.  Hay profesionales del otro lado que debemos respetar. Este país mejora cuando respetamos el conocimiento de otros. Uno no puede declararse sabio en todo. Las propuestas de Mintic no son mal intencionadas, pero existen elementos complementarios como, por ejemplo, ayudar a la industria a ofrecer un empleo de calidad, que permita a los jóvenes encontrar una oportunidad aquí y no fuera del país. No hemos modernizado el sistema de formación en tecnología, todavía no se supera el método de aprendizaje en donde el centro es el profesor y los demás son invitados no activos.

 

Ángela Patricia Nocua C.

Subdirectora Innovación de TI

Dirección de políticas de desarrollo de TI

Como psicóloga he ido identificando la importancia del aporte que mi profesión puede hacer a la ingeniería. De ahí que las preguntas de este foro las enfoqué desde mi comprensión de la  formación en ingeniería, lo que supone el proceso de aprendizaje, la estructura de desarrollo de pensamiento y otros asuntos relacionados, además sobre lo que he aprendido en un trabajo de más de siete años. Sin desconocer la trascendencia de la labor adelantada por los Ministerios estoy de acuerdo con que la política educativa no puede reducirse al beneficio de becas, mientras no exista claridad sobre otros aspectos fundamentales.

 

Alejandro Manrique F.

Durante mi especialización tuve profesores con maestrías y doctorados hechos en el exterior, quienes aprovecharon esa experiencia profesional de una forma bilateral, entre industria y TI.

 

Hugo Ocampo M.

Este año iniciamos la Escuela de Consultores (Eco) y es una innovación, eso no existe en el país, pero me encontré con un problema muy complejo, en términos de cómo enseñar a ser consultor, al parecer no se enseña. En esa práctica llegamos a la conclusión de que era necesario realizar una intervención en la mitad del proceso, en la sucesión de los semilleros a la consultoría, para que pudieran pasar al otro nivel. Y Eco nos proporcionó una visión muy amplia para producir resultados de calidad, de manera que los profesionales puedan llegar mejor preparados a un espectro laboral, ante unas condiciones más exigentes del mercado.

 

 

 

Juan Sebastián Vanegas O.

Efectivamente, la universidad debe formar personas y en esa dirección subrayo valores y actitudes. A los estudiantes se les tiene que enseñar a saber ser, a actuar y comportarse de una manera ética, práctica y realista. En cuanto a la formación profesional en TI, sí es necesaria la especialización. Y retomando la discusión sobre si esta profesión es ingeniería de sistemas o de computación, no sé qué tan descabellado pueda resultar abrir la ingeniería de sistemas en todas las posibles ramas, toda vez que abarca un mundo gigantesco. Ya no se trata solamente del ingeniero de software, esto es un sólo una pequeña parte. Ninguna entidad educativa enseña cómo hacer un negocio, como dirigirse a un auditorio, cómo definir un requerimiento. Enseñan técnicamente cómo hacer algunas cosas y de hecho no siempre es de la mejor manera. Entonces, ese  profesional sale a su vida laboral a desarrollar un sistema y la empresa que lo acoge tiene que capacitarlo. Así mismo, es muy importante tener en cuenta el  tema social, considerando que al ingeniero de sistemas no se le enseña a trabajar en equipo. Es necesario cambiar las prácticas pedagógicas. El docente no sólo debe ser profesional en el área que va a enseñar; las universidades le exigen una maestría, un doctorado, entre otros títulos. Pero, ¿qué pasa cuando una persona es empírica en algún tema pero lo domina, sin haber estudiado ingeniería? Tuve la fortuna de estudiar con la universidad de Corea desarrollo de software para aplicaciones móviles y un profesor era abogado, a quien no le gustó su carrera y se dedicó a desarrollar software. Es una eminencia en esa materia, profesor de profesores en Corea, tiene más de 10 libros publicados en todo el mundo y no es ingeniero de sistemas. Si una persona con ese perfil se presentara en una universidad de este país para ser profesor, es posible que no lo contrataran por el hecho de no tener un título como ingeniero de sistemas. Hace falta flexibilizar los modelos de contratación de profesores en las universidades, para ofrecer a los estudiantes lo que realmente necesitan.

 

Edgar Ruíz D.

En mi opinión ese abogado sí es ingeniero de sistemas aunque no tenga el título. Una persona que se forme en sistemas no lo está haciendo en tecnología, es en la comprensión de los sistemas, la habilidad mayor de un profesional. A ese señor con todas las herramientas de su profesión, se le facilitó entender la tecnología desde su perspectiva de abogado; de ahí que pudiera entender los vericuetos de la tecnología. No es empírico, es una persona con una formación profesional que se introdujo en unas áreas que le permitieron sacar a flote sus habilidades. En la Asociación tenemos un ingeniero civil que es autoridad en redes y no tiene título de  ingeniero de sistemas.

 

Hugo Ocampo M.

En Estados Unidos hay un porcentaje muy grande, cerca del 30% o 40% ejerce como desarrolladores de software y no son ingenieros de sistemas. En los semilleros tenemos varios profesionales de otras disciplinas diferentes a la ingeniería de sistemas.

 

Jaime García C.

¿Cuál es la brecha entre el talento que resulta de las universidades y el que  la industria y el Gobierno requieren? ¿Cree usted que hay una relación entre la formación de los profesionales de TI y el conocimiento de los gobernantes sobre esta profesión, para redireccionar al país hacia la potenciación de esta disciplina?

 

Ángela Patricia Nocua C.

El ecosistema aquí descrito muestra que se trata de una problemática de política pública en el país. La reflexión no es sólo de las universidades, sino también de la educación básica y la familia. Hay todo un conjunto de aspectos socioculturales que influyen en ese entorno. Este tipo de diálogo es necesario en todos los espacios: la academia, la empresa y el Gobierno, entre otros. El semillero me parece muy importante. El tiempo de implementación de las acciones de Mintic todavía es corto y no permite ver los logros esperados en relación con los lineamientos de la política. Son dos años de trabajo en temas de talento y es poco frente a las acciones que queremos realizar y los resultados que esperamos alcanzar.

 

En este escenario me he encontrado con una reflexión importante sobre el enfoque del desarrollo de competencias, lo que es la vida en el sector productivo, lo que es el desarrollo económico y social de país. Hay una serie de conceptos conjugados aquí, que nos conducen a la pregunta sobre lo que debemos hacer para promulgar y promover el sector, para lograr ese posicionamiento y la referencia internacional que el país se propone con el área de TI.

 

Para dar respuesta a la pregunta sobre cuál es la brecha entre las universidades y la formación de talento en TI, creo que el Gobierno lo ha hecho bien. El año pasado hicimos un trabajo con la universidad Eafit e Infosys buscando algunas luces que nos ayudaran a definir por dónde teníamos que priorizar. Estoy de acuerdo en que hemos venido realizando  acciones para promover y asignar recursos con el fin de que los jóvenes decidan cursar estos programas, quizás porque se ha identificado como primer aspecto que impide la matrícula, la disponibilidad de dinero. Sabemos que la calidad y cualidad de esos programas deben ser revisadas, porque hay una gama bastante amplia y debemos atender los distintos matices. Revisando qué es lo que está haciendo la academia y qué es lo que necesita la industria y, teniendo en cuenta que Mintic juega un rol de articulador y facilitador de encuentros que favorezcan una construcción distinta para aprender a comunicarnos, para mí es un tema de hermenéutica; cómo sintonizar o que hace uno y otro actor. 

Cuando vemos la oferta de un nuevo programa académico nos preguntamos si las universidades cuando deciden desarrollar un programa, cualquiera que sea, buscan de verdad responder a los requerimientos de la industria. Si saben en dónde están sus egresados, qué están haciendo y qué están aportando.  Y en el estudio citado, efectivamente hay una ruptura y un divorcio entre lo que está haciendo la academia y lo que necesita la industria. No obstante, es importante anotar que en el último tiempo percibimos mejor disposición, a través del trabajo que venimos realizando con Redis y Acofi. Nos interesa concentrarnos   no sólo en empleabilidad, sino también en emprendimiento. Ciertas profesiones permiten ir un paso más allá de lo que tradicionalmente reconocemos como educar para el empleo. Encontramos una brecha porque los programas en algunos casos tienen un nombre que no corresponde a lo que su plan de estudios desarrolla. En ocasiones, observamos que quienes optaron por el título de ingeniero de sistemas, tienen niveles de técnicos o tecnólogos, situación gravísima. De ahí que la apuesta que estamos haciendo en Mintic, en esta segunda parte del proceso, es concentrarnos en la calidad, en incentivar a las universidades para que tengan una acreditación de calidad y respondan a estándares no sólo nacionales, sino también internacionales.

Es necesario que los jóvenes estén en contacto con el mundo y queremos para ellos un nivel diferente. Son profesionales que tienen debilidades no sólo en su estructura de pensamiento, sino también en el dominio de otro idioma, en entender cómo es que se están moviendo las tendencias internacionales. Es un profesional que sale y no se ubica, como cuando uno llega a un centro comercial desconocido a buscar un almacén que tiene en mente y debe recurrir al punto de información. Estos jóvenes tienen incluso debilidad para encontrar cuáles son las fuentes que les  ayudarían a lograr el desarrollo profesional esperado. Es necesaria la homologación de lenguajes, para decir a las universidades cuál es la transformación requerida. Y tenemos que revisar la estructura de los programas en la formación de un tecnólogo, un técnico y un profesional. El empresario también desconoce cuál es el plan detallado de estudios de ese ingeniero de sistemas que contrató.

 

En términos de la política, Mintic traduce el fortalecimiento de la industria TI en más ventas, más exportaciones, en creación de nuevas empresas, generación de nuevos empleos, promoción del emprendimiento. Y ¿cómo se logra, si la brecha crece y la tendencia apunta a que cada día disminuye el interés por este tipo de programas? No es fácil encontrar el talento que necesitamos en los diferentes cargos y la rotación es otro asunto para tener en cuenta, los jóvenes van de un lugar a otro. No hay un sentido de pertenencia ni continuidad de los procesos. En este período nos vamos a concentrar en estar mucho más cerca de las instituciones de educación superior, en asignar recursos para que las universidades puedan avanzar en procesos de acreditación y adentrarnos más, de la mano de la industria en los programas académicos. Es cierto, no somos institución de educación superior, sabemos de la autonomía académica y el respeto que le debemos dar, pero consideramos que tenemos elementos para aportar en el mejoramiento

 

Y en respuesta a la relación entre la formación de los profesionales de TI y el conocimiento de los gobernantes sobre dicha profesión, en procura de redireccionar al país hacia la potenciación de esta disciplina, es necesario realizar un trabajo de evangelización, de la mano del nuevo equipo del Ministerio de Educación y las Secretarías con los orientadores escolares y docentes de informática. Es inminente una alfabetización para aprender no sólo el uso del correo electrónico, navegar y utilizar la tecnología para el consumo, sino también para desarrollar habilidades en este mundo digital.

 

Jaime García C.

¿Cuál debe ser el rol de las universidades, de la industria y del Gobierno para la promoción de la ingeniería de sistemas y la formación de profesionales en TI, ante la disminución  del número de estudiantes que se presenta en las universidades? ¿Cuál es la oferta que se debe hacer para que los estudiantes de colegio se sientan atraídos por esta disciplina?

 

Alejandro Manrique F.

Es necesario hacer una diferencia real entre lo que es ingeniería de sistemas, desarrollo e ingeniería de software, porque mucha gente entra a la carrera  pensando en sistemas y solamente desarrollan, se quedan estáticos. Muchos de mis compañeros han abandonado la profesión, precisamente por esa razón, y se han dedicado a trabajar en otras áreas. Se requiere que la oferta académica sea mucho más clara, que mejore la formación de los docentes para que tengan la capacidad de motivar a los estudiantes, de manera que no se limiten a pasar la materia, cuando su objetivo es conocer y aprender. Dicha imagen también debe ser vendida en los colegios. Hacer claridad con interrogantes como: ¿es usted bueno para eso?, ¿le gustaría hacer eso?

 

Edgar Ruiz D.

Dos personas presentes en este debate estudiamos ingeniería de sistemas y computación en la universidad de Los Andes, pero uno no podría decir que la formación se remitió con exclusividad a computación o a sistemas o que cubrió todo el cuerpo de conocimiento de estas áreas, porque es un asunto muy amplio. Qué bueno sería que los estudiantes de ingeniería de sistemas y afines no sólo recibieran formación en tecnologías sino, por ejemplo, formación sobre sistemas de transporte, sistemas de producción, sistemas biológicos o sistemas relacionados con finanzas, economía, minería, turismo y otras áreas que complementen su formación.

 

Sara Gallardo M.

Si eso fuera así no estaríamos tan mal en Bogotá, por ejemplo, con el sistema de transporte.

 

Edgar Ruiz D.

En Bogotá eliminaron la sistematización en Transmilenio, era mucho más potente y hoy sólo tiene avisos, precisamente por tener malos ingenieros. En Colombia, la estructura pública se basa más en abogados que en ingenieros; las personas hoy se ganan los contratos para ver cómo los pelean y no cómo los desarrollan.

 

Los programas de la carrera en Colombia vienen siendo emulación de otros que ofrecen en el mundo; sin embargo, no se puede cubrir en un solo programa todo el cuerpo de conocimiento puesto que es muy amplio, como lo podemos observar en el documento conjunto de la Association for Computing Machinery (ACM) y la IEEE Computer Society-ACM, Ciencias de la Computación 2013 (CS2013), que incluye una actualización completa para el cuerpo del conocimiento en ciencias de la computación, organizado en torno a 18 áreas de conocimiento como son: Algoritmos y Complejidad (AL),  Arquitectura y Organización (AR), Ciencias de la Computación (CN), Estructuras Discretas (DS), Gráficos y Computación Visual (GV), Interacción Persona-Ordenador (HC), Aseguramiento de la Información y Seguridad (IAS), Gestión de la Información (IM), Sistemas Inteligentes (IS), Redes y Comunicaciones (NC), Sistemas Operativos (OS), Desarrollo de Plataforma-base (PBD), Computación Paralela y Distribuida (PD), Lenguajes de Programación (PL), Software Fundamentos de Desarrollo (SDF), Ingeniería del Software (IS), Fundamentos del sistema (SF) y Asuntos Profesionales y Sociales (SP). ¿De dónde salió el nombre de ingeniería de sistemas? Algo similar pasó con la medicina, donde existen límites de conocimiento y especialización. Por cuanto es necesario establecer que en el campo de la ingeniería de sistemas se establezcan también los límites; el técnico debe tener competencias en el hacer, el tecnólogo en el saber hacer y el ingeniero de sistemas en el saber hacer, saber ser y saber convivir. No obstante, la tendencia es que se remitan solamente al hacer. La demanda actual es sobre todo de mano de obra técnica y no de análisis y desarrollo de productos, entre otras habilidades. En el ecosistema que presenta el Mintic para el fortalecimiento de la industria TI, se señala la ausencia de talento para desarrollar aplicaciones y en el número de aplicaciones que hacen falta. Pero, para desarrollar aplicaciones es necesario entender las necesidades y esto no es posible únicamente con tecnólogos y técnicos. Para ilustrar mejor la idea cito el caso de un ganadero, quien detectó la necesidad de contar con un ingeniero de sistemas que entendiera sus requerimientos para subastar el ganado, de manera que en lugar de desplazar el ganado a todas las ferias del país, pudiera exhibir sus fotos mediante una aplicación y, de pasada, conformar una comunidad que hiciera uso de tal alternativa. En ese contexto será necesaria la especialización. Estas áreas de conocimiento tienden a generar confusiones, lo que se debe decir es que los programas de ingeniería de sistemas desarrollan unos conceptos, unas habilidades, unas capacidades mentales para que el profesional pueda ser útil a las sociedad, entregando soluciones apoyadas  en  tecnologías de la información.

 

Alejandro Arango N.

Desde la retrospectiva de mi experiencia he visto una enorme transformación. Cuando tenía cinco años me introduje en el computador y me gustó muchísimo, me sirvió para divertirme y para interactuar con la tecnología con un equipo bastante arcáico, comparado con los actuales. Antes, por temas de limitaciones de memoria, espacio y otros aspectos, los sistemas requerían de profesionales en ingeniería con amplia formación en áreas de ciencias como matemática. Hoy en día, tales limitaciones no existen y en cambio contamos con amplio espacio y accesibilidad a infraestructura en la nube. Esto quiere decir que la ingeniería de sistemas está más cerca de ser una carrera con menor exigencia académica y que puede enfocarse en los temas propios de solución en la industria. Además, la ingeniería de sistemas se relaciona con una alta intelectualidad, ¿Por qué las personas para llenar un formulario electrónico tienen que llamar al experto en sistemas? Me gustaría romper ese paradigma. La academia nos exige comprensión matemática perfecta y otros requerimientos, que en la medida poco utilizamos cuando interactuamos con otras áreas. Es clave proporcionar a los estudiantes de bachillerato materias de sistemas, como programación, diseño, entre otras alternativas. Aunque el porcentaje aumente en forma discreta, existirá una masa de profesionales de otras carreras que comprenden los retos que impone la tecnología y la forma de comunicarse con profesionales de sistemas.

 

Hugo Ocampo M.

La ingeniería de sistemas se relaciona con una alta intelectualidad, porque es un asunto de entendimiento, no porque esos profesionales sean más inteligentes.

 

Ángela Patricia Nocua C.

Tenemos que hacer una clarificación de mensajes en dirección a la familia y a los docentes en educación básica y media. Aquí se ha dicho que el ingeniero de sistemas es clave para potenciar una organización, pero ¿por qué eso mismo no lo puede hacer otro profesional? ¿En qué se diferencia con un ingeniero industrial o un administrador? ¿Cuál es la esencia que caracteriza al ingeniero de sistemas? Para potenciar una empresa se requiere un equipo humano, no sólo un profesional.

 

Alejandro Arango N.

Estoy de acuerdo. La potenciación no la hace una sola persona, sino todo un equipo. Sin embargo, los retos que la industria enfrenta hoy día, exigen que los profesionales de sistemas hagan parte de estos equipos. Es clave que exista una aproximación en la comunicación entre los ingenieros de sistemas y los profesionales de otras carreras. Porque los primeros lograrán transformar las ideas de los últimos en sistemas claves para las organizaciones.

 

Alejandro Manrique F.

La empresa tiene una cadena de valor, unos procesos internos. En muchos casos, no en todos, esa cadena de valor está soportada en tecnología para  sistemas de nómina, ARP, ofrecimiento de productos a clientes finales, etc.  Pero, toda la estrategia comercial está plasmada en un documento escrito por economistas, financieros, ingenieros industriales, entre otros profesionales, y pretender que el ingeniero de sistemas soporte esa cadena de valor es imposible; se requiere una persona que haga esa traducción, que entienda el problema del negocio y lo pueda soportar amparado en la tecnología.

 

Hugo Ocampo M.

Hoy estamos ante un usuario final mucho más educado y la ingeniería de sistemas –para hablar solamente de esa denominación- es transversal, esa es una realidad. Propendemos por la articulación para que exista un uso multifacético y este concepto se debe vender. Es necesario tener claridad sobre el inventario demográfico, en torno a lo que se necesita y cómo se va a utilizar. Si vamos a hacer industria y a desarrollar software, necesitamos personas de tipo server dentro del proceso, Es necesario sustentar los requerimientos, teniendo en cuenta que la ingeniería de sistemas es transversal y soporte de todos los ciclos productivos de una organización. De ahí que no se trate del dominio del aplicativo, sino de un profesional con mayor visión de negocio, que considere al usuario como una persona conocedora y especialista en su negocio. Se trata también de un asunto de semántica para clasificar y definir en forma correcta las funciones que de manera transversal puede adelantar un ingeniero de sistemas dentro de una compañía. Y la industria tiene que estar preparada y apoyar ese discurso sobre tales bases. Se requiere un trabajo conjunto para intervenir y compartir la responsabilidad, como lo hemos dicho antes, desde los colegios hasta la industria, para que las transiciones dentro de esa colectividad sucedan en forma acertada, de manera que se puedan obtener resultados sostenibles en el tiempo, para asegurar que los jóvenes, sobre quienes reposa el futuro del país, puedan asumir el control del entorno.

 

Juan Sebastián Vanegas O.

Para atraer más gente al área de TI es necesario arrancar una labor de alfabetización en los colegios y en los hogares, en la medida en que nos referimos a tecnologías de información y comunicación, es decir, a la evolución de los medios. Así como saber leer y escribir es obligatorio, también lo debería ser manejar un computador. Por otra parte, es inminente cambiar la imagen del ingeniero de sistemas “metido” en un computador, porque ese no es el perfil real. En el Reino Unido, por ejemplo, están pensando en enseñar a programar a los niños en el colegio y en Estados Unidos hay un movimiento muy grande para que todos aprendan a hacerlo. De ahí que estrellas de cine y músicos estén desarrollando sus propios sistemas para su trabajo. Además, es necesario vincular a la ingeniería de sistemas con las demás áreas, toda vez  que no es un elemento aparte, sino un catalizador; es un medio para fusionar ideas y hacerlas realidad. Si se hiciera una labor de compartir el conocimiento de sistemas con otros e incluir otros saberes dentro de la ingeniería (saberes como el diseño, la escritura, los negocios o un arte), es posible que la ingeniería de sistemas tuviera mejor acogida por las personas y sería más práctica, una vez finalizada la carrera.

 

Edgar Ruíz D.

Para responder el interrogante sobre el rol de las universidades, de la industria y del Gobierno en la promoción de la ingeniería de sistemas y la formación de profesionales en TI, cito el siguiente ejemplo. Hay un grupo de personas en una construcción y a la pregunta sobre qué están haciendo, el primero responde: “picando piedra”. El segundo dice: “construyendo una pared” y el tercero manifiesta que está construyendo una catedral. Entonces, el punto de vista es ese, ¿en la academia estamos formando mucha gente que quiere picar piedra y nadie quiere construir catedrales? Lo importante es transmitir con claridad el qué, por qué y para qué. No solamente la construcción básica, porque tendremos miles de personas con habilidades para trabajar con diferentes herramientas, muy bien certificados, pero que desconocen el problema que van a resolver.

 

Conclusiones

Alejandro Manrique F.

Es muy importante definir el perfil de un técnico, un tecnólogo y un profesional en ingeniería de sistemas, no sólo en las universidades, sino en todas las entidades de educación superior. Tener claridad sobre el alcance de su conocimiento y de qué son capaces. De lo contrario, pueden existir conceptos errados de lo que cada una de esas personas puede hacer. Un tecnólogo puede “echar código”, pero desarrollar software es un asunto completamente diferente. Al profesional en TI se le debe proporcionar un  conocimiento transversal de la industria y de otras áreas, no solamente de sistemas. Tampoco debe ser transdisciplinar, las otras disciplinas deben familiarizarse un poco con esta carrera. En otras palabras, debemos mejorar la comunicación

 

Edgar Ruíz D.

Para distensionar las tensiones en el entorno de TI debemos proponernos construir país y no empresas ni universidades. Se requiere un trabajo conjunto entre Estado, industria,  academia y los demás actores, como en la familia, para que las competencias por desarrollar estén encaminadas en esa dirección y sea posible cambiar el imaginario colectivo sobre quién es y qué hace el ingeniero de sistemas, Hay que propender por incentivar la capacidad de desarrollo e innovación. Se debe promover en los estudiantes la capacidad de programar, construir sus propios juegos, es decir, saber utilizar la tecnología para resolver sus problemas y no sólo hacer uso de ella como consumidor.

 

Alejandro Arango N.

El déficit del ingeniero de sistemas es un asunto temporal y es la transición en el cambio de tecnologías. Hay que incorporar la tecnología entre los niños y jóvenes y un acercamiento a la programación. Es necesario iniciar desde los niños la formación en sistemas, promoviéndolo como un campo atractivo y que no exige alto nivel intelectual. En la universidad es necesario suministrar a los profesores una mejor pedagogía. Hay que agregar que en la universidad la práctica es un asunto opcional. También allí debería existir un tiempo o transición de un año del profesional, para que se forme y comience a entender la industria, y no se quede con la visión académica. Con relación a la industria, debe existir conocimiento sobre lo que se busca en un profesional de sistemas y un salario acorde a la exigencia profesional exigida.

 

Angela Patria Nocua C.

Quienes hemos estado trabajando sobre los asuntos aquí expuestos debemos adelantar unas acciones mucho más contundentes. No basta con asistir a los diferentes espacios en donde se discuten estos temas. Es necesario definir una propuesta concreta para determinar los mensajes y clarificar los conceptos. Decodificar la ingeniería y los sistemas; establecer la diferencia entre un ingeniero de sistemas, de software, de computación, informático y de TI. Es necesario ayudar a que la gente común y corriente entienda el significado real de la profesión. Hay que incidir en los escenarios de política pública, en los planes de desarrollo, en los procesos de formación, en las regiones, las secretarías de educación, y en la articulación con las instituciones de educación superior, básica y media. Tenemos que formular  propuestas para  influenciar tales espacios, mientras tanto no vamos a lograr avances. Debemos analizar todos los factores que inciden en el conflicto –para llamarlo dentro de la lógica de proyectos- y ver cómo vamos a formular un objetivo y una solución para el avance.

 

Hugo Ocampo M.

El entorno de la ingeniería de sistemas ha cambiado porque el entorno ha cambiado y le ponemos atención al nuevo ambiente o perdemos el viaje. Nos declaramos un país en vía de desarrollo, pero los indicadores económicos nos dicen lo contrario. Estamos bastante bien alineados mentalmente, por lo menos, para entender el problema. El Gobierno no lo entiende, le pregunta a muchos y hace muchas cosas fraccionadas, para atender lo que está saliendo como norma. El tema tiene que ser centrado para trabajar en equipo con magia y relacionamiento, pensando en los empleos del futuro, para que sean de calidad, bien pagos, dentro del respeto por lo que saben los demás. La academia tiene mucho que aportar; cuenta con docentes muy brillantes que necesitan ser educados para generar el cambio, toda vez que continúan muy atornillados a su lógica, además que la autonomía académica frena una visión más amplia. No podemos desistir en la articulación entre colegios, academia, industria, Gobierno y demás actores. Esta es una carrera de largo aliento y es posible adelantar acciones en una forma más coordinada hacia un objetivo común. Necesitamos jóvenes que no le teman al mundo, a aprender idiomas, a enfrentarse a diferentes espacios.

 

Juan Sebastián Vanegas O.

Lo que hace falta a nivel de educación para evitar todos los problemas que tenemos es enfatizar en el trabajo colaborativo. Nunca he estado muy de acuerdo en la formación de competencias, porque induce a que alguien sea mejor que otro y no se exaltan las habilidades propias de cada quien. Ese paradigma se debe derrumbar. Es mejor que todos trabajen en forma colaborativa, no sólo los estudiantes, sino también la academia y la educación básica, la familia, la empresa, el país completo debe unir esfuerzos. Esta discusión no debería ocuparse solamente de la ingeniería de sistemas, sino de todas las áreas del conocimiento y las áreas productivas en Colombia, con el ánimo de construir un país a partir de los ciudadanos, lo que hacen y lo que saben hacer como personas.

 

Sara Gallardo M.Periodista comunicadora, universidad Jorge Tadeo Lozano. Ha sido directora de las revistas “Uno y Cero”, “Gestión Gerencial” y “Acuc Noticias”. Editora de Aló Computadores del diario El Tiempo. Redactora en las revistas Cambio 16, Cambio y Clase Empresarial. Ha sido corresponsal de la revista Infochannel de México y de los diarios “La Prensa” de Panamá y “La Prensa Gráfica” de El Salvador. Autora del libro “Lo que cuesta el abuso del poder”. Investigadora en publicaciones culturales. Gerente de Comunicaciones y Servicio al Comensal en Andrés Carne de Res, empresa de 1800 empleados; corresponsal de la revista IN de Lanchile. Es editora de esta publicación.

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