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Guillermo Carvajal: “Desde el punto de vista social y psicológico el cambio ha sido dramático”

Escrito por  Jueves, 13 Diciembre 2012 14:49

Señala el psicoanalista sobre las redes sociales y su impacto en la humanidad. Sin desconocer lo positivo, advierte que las redes han sido el gran instrumento del mercadeo perverso generador de la mente consumista.

 

Señala el psicoanalista sobre las redes sociales y su impacto en la humanidad.

Sin desconocer lo positivo, advierte que las redes han sido el gran instrumento del mercadeo perverso generador de la mente consumista.

 

Escrito por: Sara Gallardo M.

 

Médico, psiquiatra, psicoanalista, investigador, especialista en la psicología de niños y adolescentes, en educación, en democracia, autor de muchos libros traducidos a varios idiomas, más de 40 años de experiencia, asesor de la Agencia Interamericana de Desarrollo –AID-, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional –IPA- y de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, entre su extenso trasegar profesional, también es poeta. No obstante, Guillermo Carvajal en medio de una estruendosa carcajada, manifiesta no haber hecho nada.

 

Sin desconocer lo positivo de los inventos informáticos profundiza en los problemas que traen consigo, como consecuencia de su inadecuado manejo,   mediante contenidos manipuladores cabalgando en los erotismos del ser humano, denominados por él como las tres pornografías: sexo, violencia y agresión, sumados al miedo. Realidad generadora de lo que él define como la mente consumista, arrasadora de la humanidad.

 

“Ya hay en el mundo actual una verdadera neo-sociedad en red, con las mismas implicaciones internas que las reales y a veces más que estas. Son, en últimas, niños, adolescentes y adultos jóvenes que no pueden vivir sin estar conectados a la red, cuya mente ya pasó la frontera de lo local, no teniendo retorno”, dice en su libro más reciente “Prioridad: pervertir a los niños”, cuando escribe sobre la mente de los Nets.

 

Difícilmente conseguiríamos una voz más autorizada que la de Guillermo Carvajal, con sus respuestas tan contundentes y sembradoras de conciencia para nuestros lectores.

Revista Sistemas: Desde el punto de vista de la psiquiatría, ¿cómo se definen las redes sociales?

 

Guillermo Carvajal:Más que desde la psiquiatría me refiero a un modelo psicosocial, el psiquiátrico es muy restringido, y soy básicamente un psicoanalista, aunque trabaje sobre algunos aspectos psiquiátricos. Desde la perspectiva psicosocial, las redes son una realidad psicológica del ser humano que no puede vivir solo, sino en comunidad, y en tal sentido, son la gran expresión de la comunidad. Lo interesante es que la red comunitaria, que antes estaba restringida y a la que sólo tenían acceso ciertos grupos, hoy por hoy es una gran red abierta, universal, jamás vista en la historia de la humanidad. Desde el punto vista social y psicológico, el cambio ha sido absolutamente dramático.

 

Hay un famoso y apasionante cuento de Isaac Asimov sobre ciencia ficción que se llama “La última pregunta”. En uno de sus apartes, concibe el ser humano como una sola persona que comunica su pensamiento en el universo; es decir,  que todos los seres humanos piensan al unísono como si fueran una sola persona. Esa es una metáfora muy bella que, de alguna manera, se está volviendo realidad. Hoy tenemos una red universal, por lo menos en la cultura occidental y parte de la oriental; y, muy posiblemente, en la anticultura occidental que es la cultura islámica; algún día va a entrar ahí, sobre eso no hay nada qué hacer. En mi opinión, llegará el momento en que ese modelo resistencial del Islam,  desaparezca.

 

RS: ¿En qué forma las redes sociales como Facebook, Twitter, Linkedin y otras que emergieron como producto de la web, han impactado la mente del ser humano?

 

GC:De manera increíble, monstruosa. Muy positivamente, pero también muy negativamente. En el primer aspecto, ha sido un masaje a todas las concepciones universales, para empezar a demoler mitos, a acabar con actitudes represivas, conservadoras, siendo cada vez más liberal, más abierta, más creativa, más genérica, más universal, más libre, generando un pensamiento de estas características, que es bellísimo para quienes creemos en la democracia. Al fin de cuentas, la red es producto de la democracia y fabrica democracia.  Pero, también la red contempla algo siniestro y es que ha sido el gran instrumento del mercadeo perverso que ha dado lugar a la mente consumista.

 

En los siglos XX y XXI lo maravilloso se llama democracia, pero también lo más terrible se llama consumismo, cultura perversa. Cada día trae su afán, cada modelo político trae su problema, y el problema del modelo político de la democracia es que en él se ponen a cabalgar, basándose en su libertad,  cualquier tipo de personajes, doctrinas, posturas, intentando manipular al ser humano porque es más fácil hacerlo por la libertad. La humanidad sabrá resolverlo. 

 

RS: Pero, ese problema ¿lo resolverá la humanidad después de haber sufrido unas consecuencias muy fuertes e impactantes?

 

GC: Ya las sufre y en forma dramática. Existe un antecedente premonitorio y de una brillantez enorme de Aldous Huxley, en su famosa obra “Un mundo feliz”, escrita en los años 30 del siglo XX. Él y otros autores, especialmente filósofos de la comunicación, advirtieron que existiría una clase dirigente poderosísima que iba a manipular a la otra suministrándole una droga y produciendo un mundo perverso, basado en un exceso de sensualidad y de sexualidad genital. Pero se les olvidó el concepto más amplio de Freud, sobre todo el erotismo humano.

 

Pues esa utopía se cumplió, se llama consumismo y la excitación de la sexualidad es sobre todo el erotismo humano. Los expertos en consumo han descubierto y manejado los más grandes conceptos científicos, para poder aplicar esa ciencia a la manipulación del hombre, para que compre cosas, dirigiéndolo de una manera maravillosamente perversa, que ha dado lugar al ser humano de hoy.

 

RS: Detengámonos en la sexualidad. ¿De qué manera mirarse a los ojos a través de un equipo y disfrutar los cuerpos sin tocarse ha producido un impacto en la sexualidad del ser humano?

 

GC:Ese es un tipo particular de sexualidad que podríamos llamar desde la teoría psicoanalítica, la sexualidad genital narcisística, que se realiza a través de la pornografía o del sexo en las redes. Pero, yo me refiero a un concepto de sexualidad mucho más amplio, el que introdujo Freud. Para él era todo el erotismo, todo aquello que excitara el cuerpo, que produjera un placer corporal, era sexualidad; por ejemplo, el sadismo es sexualidad, el exhibicionismo, las adicciones a las drogas…

 

Las redes son un instrumento de la comunicación para que los seres humanos interactúen. Lo que pasa es que la cultura perversa del consumo se ha cabalgado en los erotismos del ser humano y sobre ellos ha generado su manipulación. Los erotismos son lo que yo denomino las tres pornografías: la del sexo, la de la violencia y la agresión, y la del miedo. Sobre estas tres pornografías, altamente excitantes, eróticas, sexuales, se ha montado la parafernalia comunicacional y de manipuleo de la mente humana.

 

Es decir, lo que ha podido sumar la ciencia comunicacional del mercadeo y la publicidad son todos los aspectos sobre el manejo del comportamiento humano. Han sido capaces de unir los conceptos cerebrales, psicoanalíticos del inconsciente, de la teoría conductista de estímulo-respuesta, etc. Todo lo han unido con una claridad científica enorme, con el  único fin de manipular a los seres humanos para que compren cosas.

 

El instrumento básico que utilizan es la seducción y, obviamente, eso trae como consecuencia una hipertrofia del erotismo y del narcisismo del ser humano, lo que genera un modelo de irrealidad, porque se está vendiendo un ideal que no existe. Y sobre tales premisas convierte al ser humano en un comprador de todo lo posible, para mover la economía mundial.

 

RS: ¿Qué pasa con el amor?

 

GC:Definámoslo primero; para mí “amor es el otro”; implica la existencia del otro, la capacidad que tiene el ser humano de disfrutar gratificando al otro, evitándole molestias al otro, mostrándole la realidad al otro. Ese es el vínculo del amor.

 

Esta cultura está destruyendo el amor, porque está basada en el narcisismo, que de alguna manera es el anti-amor; no en el otro, quien se ha convertido en cualquier objeto de consumo, en algo para usarse y botarse. Y eso sí es dramático, porque ahí aparece narcisísticamente el ser humano en todo su esplendor; esa nueva cultura además lo autistifica, proporcionándole la ilusión de una hipercomunicación, existente en la tecnología, pero inexistente en el mundo interno. La persona está por completo aislada y además irrealmente puesta en un mundo fantástico que no existe. Pero además, eso genera un modelo de muy baja frustración, de incapacidad de aceptar la realidad frustrante. Y cuando aterriza a la realidad real y las posibilidades de soportarla son  mínimas, puede venir el suicidio. No olvidemos que en este momento, los suicidios duplican y más los crímenes de la humanidad, incluyendo los crímenes de guerra, cuando hace 10 años ni siquiera correspondían a la mitad de las muertes violentas.

 

El problema es muy grave. Se trata de una nueva mente que produjo la  sociedad del consumo, una mente con muy baja frustración, altamente narcisista, viviendo una realidad inventada por la parafernalia comunicacional en torno a las ventas y a las compras; alrededor del consumo que, infortunadamente, está aislando al ser humano y lo está despojando del amor y de la realidad.

 

Y, más allá, le está arrebatando la espiritualidad, esa fuerza mucho más poderosa que hace al ser humano más humano. Y no me refiero sólo a la espiritualidad teística de creer en Dios, me refiero en general a la capacidad que tenemos los seres humanos de disfrutar con aquellas cosas que no son objetos. Esa es la verdadera espiritualidad.

 

RS: En otras palabras, ¿la capacidad de disfrutar con los sentimientos, con lo intangible?

 

GC:Ser capaz de gozar con lo intangible, con el arte, con todas aquellas cosas que pertenecen al mundo de los no objetos. Eso se ha perdido, porque es un mal negocio. La espiritualidad sólo es aceptada por el consumismo, cuando la puede volver negocio.

 

RS: Y enfrentados a esa realidad terrible que usted describe, ¿qué se puede hacer para controlar sus efectos?

 

GC: Inicialmente, el asunto es muy complicado, porque estamos luchando contra un monstruo, la sociedad consumista manejada por los magnates del mundo. Los hombres más ricos están interesados en que ese modelo siga funcionando, en la medida en que suenan las cajas registradoras y ellos se enriquecen más. Es un problema del capitalismo salvaje, del calvinismo que ubica al dinero como un dios y solo son salvados, aceptados y líderes de la cultura,  los ricos, mientras los condenados y segundones son los pobres. Se trata de un modelo muy complejo impuesto en el mundo y luchar contra tanto poder que manipula la mente es muy difícil.

 

Lo primero es tomar conciencia; lo segundo, que los estadistas no se le arrodillen tanto a los ricos y que sean capaces de establecer reglas del juego de mayor equidad y justicia social. Para esto, necesitamos Estados con una clara conciencia de lo que está pasando. Y tercero, que los modelos educativos y también los padres de familia entiendan lo mucho que hay por hacer para actuar y enfrentarnos al modelo consumista. Empezando por nosotros mismos, entendiendo el panorama para no caer en esa cultura inmarcesible, en donde está en este momento inmerso el ser humano. Ese mundo del que podemos aislar a nuestros niños y adolescentes, no con un plan represivo, sino abriéndoles otras puertas, distintas a lo comunicacional perverso y consumista. Las puertas de la espiritualidad, las del amor, las de las cosas sencillas y simples de la vida, en donde existan otros goces, para  generar culturas diferentes.

 

En la actualidad, los personajes más ricos del Sillicon Valley están diseñando  escuelas en donde no permiten que los hijos vean televisión ni ningún aparato comunicacional, antes de los 11 años, porque son conscientes del daño que le están causando a la humanidad. Hay periodistas que tratan el asunto, caricaturistas, todo el mundo dice lo mismo, pero nadie hace nada.

 

Lo importante es tomar conciencia de que estamos en un problema muy complejo que está poniendo en peligro la vida de nuestros hijos, de nuestra gente joven. Que está atentando contra la conservación de la especie y en tal sentido, hay que moverse. Eso implicaría meterle la mano al bolsillo a los más poderosos, acción que ellos no van a aceptar tan fácilmente.

 

RS: Con relación a las escuelas que usted menciona del Sillicon Valley, ¿podría decirse que los desarrolladores de la tecnología informática están siendo víctimas de sus propios inventos?

 

GC: Sin lugar a dudas, aunque los inventos son maravillosos. El problema no son los inventos, es el contenido de esos inventos. El problema no es la televisión, ni Internet, el problema no es Google, los iPads ni los demás aparatos ni las plataformas comunicacionales, el problema es lo que les ponen por dentro.

 

RS: ¿Entonces el problema es el ser humano responsable de introducir tales contenidos?

 

GC: El problema es lo que hacen las estructuras manipuladoras con el ser humano a través de esos medios. Es todo montaje perverso buscando mover al ser humano a como de lugar hacia el consumismo, y eso produce un estado mental particular.

 

Mi tesis es que todo el mundo sabe que existen el consumismo, la publicidad y el mercadeo perversos y las personas que con este modelo buscan estimular los instintos desbordados del ser humano, lo que produce un estado mental, una manera de ser muy particular. Esa nueva mente es proclive a destruirse y a hacerle daño a la convivencia con el otro, a aislarnos, a volvernos autistas y altamente egoístas en un mundo de hipercomunicación; es una gran paradoja. No son los medios en sí, sino la manera como se han manejado.

 

RS: Devolvámonos a la democracia para analizarla dentro del marco de la política y los nuevos espacios a través de las redes sociales.

 

GC: La política es el instrumento para producir cualquier modelo socio humanístico, gubernamental, social. Hay una política para llevar a cabo la democracia, pero la parafernalia mediática ha sido enormemente utilizada como cualquier otro producto consumista, para hacer política. Lo que estamos viendo de forma más clara cada vez, es que ese modelo mediático determina quién  asume el poder. No olvidemos que en los Estados Unidos el consumismo es política de Estado.

RS: Y ¿qué opina de ese modelo que utiliza las nuevas herramientas tecnológicas para hacer política?

 

GC: Por principio es un modelo perverso, si se usa bajo las mismas características del mercadeo con la tendencia consumista, y lo estamos viendo. Un aspecto maravilloso de la democracia es que permite que la política sea mucho más directa y abierta, más clara y amplia, para que fácilmente se puedan descubrir las cosas que hay detrás de una política que corrompe y, eso también lo hemos visto. El ejemplo más grande de la historia de la humanidad fue el Watergate de Nixon.

 

El problema de la política de medios y el manipuleo del ser humano es que “el que tiene más saliva come más harina”. Es decir, quien tiene el dinero para hacer política a través de la manipulación, accede al poder más fácilmente. Hay  mucha gente muy bien preparada sin la posibilidad económica de llegar a los medios, quienes terminan en unas circunstancias muy desfavorables y desbalanceadas, viviendo experiencias muy negativas, excluidos de un sistema que podrían transformar para bien y formar parte de la inclusión; ese es un problema muy serio.

 

RS: En su libro “Prioridad: pervertir a los niños” usted menciona  elconcepto del individuo único. ¿De qué manera en este contexto que estamos tratando de la tecnología y la comunicación, de interactuar, de las relaciones del ser humano, se refuerza ese individuo único? Tales entornos “tecnosociales” -si se pueden llamar así-, ¿estimulan esa posibilidad?

 

GC: La unicidad del individuo es un mandato de la democracia y los medios pueden llevar a que esa unicidad, a través de la hipercomunicación, se afiance. Lo grave es que esa unicidad se vuelva egoísta y narcisista. Bienvenida la democracia con la unicidad del individuo, con la individualidad acérrima, pero también problemática si la sociedad consumista la toma para convertirla en egoísta, narcisista e incapaz de considerar al otro. Ahí es donde se observa la paradoja del problema.

 

RS. ¿El concepto de identidad también se afecta?

 

GC: Claro, porque la identidad que proporciona la parafernalia mediática es una identidad complementada con los objetos; uno es persona si está lleno de los objetos y los tiene en su poder, de lo contrario no es nadie. Mientras lo que plantea la individualidad acérrima de la democracia es una persona sin objetos externos, sólo los suplementos de las personas, cosas útiles y necesarias. Nadie dice que no sean importantes los objetos, son maravillosos; nadie dice que el mercadeo y la publicidad sean malas, pero sí es dañino que se manejen estructuras perversas para simplemente promover a como de lugar la venta, para enriquecer a unos pocos, a costa de generar un nuevo estado mental que pone en peligro la sobrevivencia de nuestra especie. Ese es el punto.

 

RS: Muchos sociólogos, antropólogos, psicólogos advierten sobre los no lugares, generados por la red, ese espacio universal, intangible, que es un lugar y no lo es. ¿Qué opina sobre esos no lugares?

 

GC: El no lugar desde el punto de vista de la realidad real no tiene una existencia real externa, pero si una poderosa existencia en la mente. Lo que está generando la sociedad consumista, e infortunadamente la misma tecnología por la utilización que se le ha dado, son espacios mentales en los cuales aparecen la hipertrofia de la fantasía sobre el mundo de la realidad real. Genera  lugares virtuales reales, no lugares en donde vive la gente. Es un asunto complejo que no es tan fácil de entender y comprender. Hace 20 o 30 años si uno hablaba de esto lo tildaban de loco, psicótico. Hoy no; hoy se vive en un no lugar de un ciberjuego, un juego que se puede convertir en el sentido de la vida de una persona que dura meses metido en su cuarto, jugando con muchísima gente del mundo. Es un no lugar no real externo, pero poderosísimo desde el punto de vista de la mente.

 

RS: ¿Un lugar que se convierte en una realidad y hasta en algo tangible?

 

GC: Absolutamente. Tanto así que utilizan el dinero real para comprar dinero fantástico, una cosa de locos. Pero, no podemos llamar a eso locura pura, aun cuando se parece mucho. Se trata de una situación que está en ese límite entre la realidad y la locura.

 

RS: ¿Cómo esos nuevos lugares, no lugares han influenciado los imaginarios colectivos de la humanidad?

 

GC: Los imaginarios colectivos de 20 o 30 años atrás eran otra cosa, se basaban en conceptos míticos, un poco mágicos. Hoy los imaginarios son mucho más aterrizados, realistas, menos míticos que los de esa época. Pero, también han generado otros imaginarios, que son los nuevos mitos de la sociedad consumista. Han sido reemplazados por otros, con la diferencia de que los mitos anteriores eran milenarios y se basaban más en necesidades internas del ser humano. Los de hoy son generados por una sociedad consumista, interesada solo en hacer sonar la caja registradora.

 

RS: Usted que ha estudiado tanto la psicología de niños y adolescentes y ha dedicado su vida al estudio de la educación, de la democracia y la justicia de menores ¿puede formular una recomendación en torno a las redes sociales?

 

GC: Lo más importante es que los Estados tomen conciencia de que realmente hay un problema, que los padres de familia y la estructura educativa también lo hagan y entre todos nos dediquemos a controvertir los mensajes perversos de la sociedad consumista. Y, hasta donde sea posible, convocar a los dueños del poder para que se interesen menos en hacer sonar la caja registradora y más,  en generar un ser humano más humano.

 

Sara Gallardo M.Periodista comunicadora, universidad Jorge Tadeo Lozano. Ha sido directora de las revistas “Uno y Cero”, “Gestión Gerencial” y “Acuc Noticias”. Editora de Aló Computadores del diario El Tiempo. Redactora en las revistas Cambio 16, Cambio y Clase Empresarial. Ha sido corresponsal de la revista Infochannel de México y de los diarios “La Prensa” de Panamá y “La Prensa Gráfica” de El Salvador. Autora del libro “Lo que cuesta el abuso del poder”. Investigadora en publicaciones culturales. Gerente de Comunicaciones y Servicio al Comensal en Andrés Carne de Res, empresa de 1800 empleados; corresponsal de la revista IN de Lanchile. Es editora de esta publicación.

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